" Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol " - Eduardo Sacheri -
7 feb 2011
PARA SIEMPRE
Les puedo asegurar que él no sabía que pensar. Quedó descolocado, era una verdad simple y resonante a la vez, fácil de sentir pero difícil de ver. Hacía tiempo se había alejado, o eso creía. Siempre orgulloso hasta niveles tercos, no reconocía eso que le hacía tan bien. “Eso no existe, ¿qué me hablan de lo eterno? ¿De un sentimiento profundo? Por favor! Eso es cuento… chamuyo” Repetía hasta el hartazgo, sin darse cuenta que sus ojos no mentían, no como sus palabras. Convencido de la existencia de cariños pasajeros, efímeros. De no aferrarse a nada, de tener cuenta regresiva para cada cosa de su vida, esperando un final brusco pero anunciado. Así era él, orgulloso y temperamental, con una sensibilidad oculta en lo mas profundo de su ser. Capaz de escaparle al nudo en la garganta pero no al latido del pecho. Ese pecho que se paralizó en el preciso momento en el cual ese joven se acomodó en el tablón. Ese lugar que lo vio reír, llorar y saltar. Estuvo antes, esta ahora y bien sabe que estará después. Nadie le quita el sentimiento. Nadie le quita lo que quiere creer. Y solo él confía en que los amores para toda la vida si existen y eso lo llena por dentro. “Siempre que estés, habrá aire. Mi vida es con vos o que se acabe el mundo”.
14 ene 2011
TODAS LAS TARDES
El buscaba escaparse de todo, solo eso. Desparramo de útiles sobre su cama, paso veloz por el almuerzo y a la plaza. Desde que abría los ojos en la mañana pensaba en ese instante, en el que sus pies finalmente pisaban ese triangulo de tierra en donde el era tan feliz. No quería siesta, no quería clases de guitarra ni visitas a la abuela. El quería esquivar hamacas o trepar paredones si la puntería no andaba bien. El esperaba con ansias que algún bondadoso con una redonda bajo el brazo lo invitara a correr. Esa timidez con la que se sentaba quedaba en la nada cuando se animaba a gambetear. Los demás chicos no podían hacer más que verlo flotar, con la pelota en los pies, con la tierra en el aire, con el tobogán por delante. Incluso era mas interesante cuando lo acusaban de “afano”, le quitaban compañeros y aun así, el parecía potenciarse. Incluso no importaban las patadas de aquellos celosos que le llevaban años de diferencia. Esas horas, eran suyas. Pero solo una cosa apagaba el momento. No hay arbitro que de el pitazo final, solo alcanzaba con el grito de su madre que lo mandaba a bañar. En el fondo, el sabia que siempre había un lugar para la esperanza. El sabía que el sueño estaba intacto cada día, y podría retomarlo. Era consciente de que siempre iba a tener tardes, amigos, pelotas y una plaza… llena de tierra.
15 dic 2010
REVIVIENDO
Se trata de ese momento de vida, o mejor dicho, en el que uno revive. Ese momento donde podes resignarte o enloquecer, pero elegís bajar los brazos porque si te inclinas por lo otro te puede ir peor. Crees que hiciste todo, que no hay una luz de esperanza a kilómetros, que todo te pasa a vos, justamente a vos. Miras al cielo y nada, miras a tú alrededor y tampoco encontras respuestas. Estas a uno segundos de meter la cabeza en la tierra deseando despertar al otro día, a la semana si es posible. Esperas que, de una vez por todas, ese maldito señor de negro de la orden del final.
Y es ahí, precisamente ahí, cuando sucede ese click milagroso. Ese momento fugaz, inexplicable, en el que recibís un cachetazo despertador. Tu amigo aparece de la nada y te ofrece hasta lo que no tiene. Ese momento en el que tu celular vibra por el llamado que tanto esperabas de esa persona. Cuando escuchas nombrar tu apellido y no te alcanzan los insultos para celebrar ese 6 salvador que apareció en tu hoja. Ese instante, ese único instante, en el que un compañero con los mismos colores que vos te pide un último esfuerzo. Un optimista que te pide que estés atento, que el va a hacer lo posible para que te quede una mas, una ultima chance. Un atrevido que la pide y no te abandona, que se banca todo, que gana un corner con el ultimo aliento.
Son esos momentos en los que caes, y sentís que los latidos son ligeros, llenos de vida. El instante justo donde vas por todo, con mas fe que nunca. Me refiero a ese momento, donde mirás en dirección al banco y ese señor que esta parado ahí te dice: “tranquilo, todavía faltan 5”.
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